Preferimos el Paraíso y otros poemas
JUANA ROSA PITA
Preferimos el Paraíso
(Semblanza filipense)
Santo admirado por los cielos,
feliz Felipe Neri era el patrón
de mi colegio allá en La Habana,
en que la calistenia al aire libre
y el canto sacro dentro
disponían el cuerpo y el espíritu
para eventuales cataclismos de alma.
Como aquel florentino que al perder
el barco aviado al africano puerto
se volvió misionero por las calles
de Roma y con niños
abandonados, antes que Palestrina
preludió
el oratorio en la acústica
de la ruinosa iglesia que ocupaban;
las filipenses de ‘Nuestra Señora
de Lourdes’ convirtieron
la adversidad impuesta en hermosura.
Dicen que comenzaron a cantar
desde la calle Santa Catalina,
tocas al viento luego en la cubierta
del barco en que las expulsaban
–las milicias del odio y de la envidia–
de la isla en que gozoso amor
sembraron. Augurio de cosechas
resonantes.
11 de febrero de 2022
Javier Marías ante el mar eterno
(Semblanza y augurio)
Tener más cuidado, y con lo que se escribe
porque a veces viene y se cumple. JM (Negra espalda del tiempo)
Veo a Javier Marías ascender
la escalinata en la que me recuerdo
dentro de un sueño hace quince años.
Fue la primera vez que en claro oscuro
se presentó de súbito: heraldo
del arribo de alguno de sus libros,
en manos del cartero, al día siguiente.
Lo real habla la lengua del misterio.
Era su estilo cinematográfico
el suspense a lo Hitchcock-Mankiewics*
de imantar la atención de sus escuchas.
Con Literatura y fantasma
correspondió a mi Tela de
concierto, milagro de la danza de
los círculos. Sutil contrapunteo:
presentía
que su asidua acercanza a la ficción
diera a un abismo de agujeros
negros. Supo que el agradecimiento
es
virtud en vías de extinción hoy día
y en tiempos de aguacero anímico,
liberador perderse cautivado
del silencio nocturno de Venecia.
Me confió preferir, de sus novelas,
Todas las almas “en algún
sentido”: escribía cartas en las
portadillas.
Le agradecí su traducción
de El espejo del mar a nuestra
lengua. Veo a Marías ante el mar
eterno.
De corazón le auguro:
salga claro su espíritu del tránsito
por la arcana espalda del tiempo
como un ancla, con maestría
largada por Conrad desde el
Tremolino.
Soneto blanco
El pálido reflejo que tú ves
es el tú que yo lejos estoy viendo.
Y el dolor del espejo que no cesa
que insistente no cejas de mirar.
Mírate cuando te veas en mí: dime
cómo te ves. No importa el nombre que uses
yo sólo a ti te veo sin que cuente
lo que digas: respondo, fiel espejo.
Si me invitas al bucle de tu ínsula
eludiré acercarme a ese aljibe
que no quisieras continuar mirando.
No puedo desnudarme más: te veo
me descubro el amor y me encamino
con tu nombre brillándome en la frente.
Legado
Cuando te abrume la insidiosa muerte
piensa que llegaré a alcanzarte a
tiempo, si veo que te acercas demasiado
al borde de un abismo.
Y no te darás cuenta si no
estoy de este lado visible de
la vida:
me iré primero, si se me concede.
Pocos han comprendido
lo que siento y escribo, vivo y sueño.
Rezo por irme yo primero
confiando mi legado
a la afilada luz de tu mirada.
Briznas de confidencia
ö
Aún habito en tu alma?
De la mía eres ciudadano
para bien, aunque duela.
ö
Los límites no obligan
al amor a desfallecer:
nació incondicionado.
ö
Quietud basta en presencia
para gozar el darse
todo el amor de una mirada.
ö Perdidas
Memorianas... memorias del
porvenir eran. Recuerdo el
verso último:
“Y nos ennoviaremos para siempre”.
ö
Donde habita el amor
no se rompe el abrazo:
renace el estremecimiento.
ö
El amor enmudece
si un doloroso desconcierto
le roba las palabras.
ö
Paroxismo conmovedor
parecería a un mundano
mi absoluta confianza en ti.
Lo intuí de muy joven:
válida es sólo la utopía
hecha de corazón.
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Juana Rosa Pita nació en La Habana el 8 de diciembre de 1939. En 1961 salió de Cuba y desde entonces ha vivido en Washington donde, tras obtener el Primer Premio de Poesía para Hispanoamérica del Instituto de Cultura Hispánica de Málaga (1975), cofundó Ediciones Solar –“editorial itinerante”, en palabras de Octavio Paz–, publicó Pan de sol (1976) y se doctoró en Literaturas Hispánicas; luego en Miami, Madrid, New Orleans (profesora invitada en la Universidad de Tulane) y Boston, donde reside desde 2005.
Ampliamente estudiada, antologada y traducida a seis lenguas, ha publicado treinta y tres títulos, entre ellos: Viajes de Penélope (1980), traducido y presentado en Italia, I viaggi di Penélope (Campanotto, 2007); Plaza sitiada (Libro Libre, 1987), Una estación en tren (Iberian Studies Institute, Coral Gables,1994), Premio Letras de Oro de Poesía – 1992-93; Infancia del Pan nuestro (1995); Tela de concierto (1999); Pensamiento del tiempo (2005); Se desata el milagro / Si scatena il miracolo (2016); e Imaginando la verdad (2019), que inauguró en Madrid las Ediciones Deslinde, seguido por La gracia en el tiempo / La grazia nel tempo (2021).
Por el conjunto de su obra poética ha recibido en Italia dos premios internacionales: el «VIII Ultimo Novecento de Pisa» (1985) por la sección “Poetas en el mundo”, y el Alghero - «La cultura por la paz» (1987). Su Antología poética (1975-2018), con selección y prólogo de Alexander Pérez-Heredia, aparece en la Serie Biblioteca Cubana de la Editorial Verbum (Madrid, 2019).